Caso de estudio

Cómo un restaurante dejó de pagar comisiones de delivery implementando su propio sistema de pedidos

Restaurante de cocina casera con salón y delivery, equipo de 12 personasGastronomía y delivery10 a 15 empleados
Blackout ColorsEscenario representativo
Dueño de restaurante gestionando pedidos directos por WhatsApp en un local con salón y delivery, tras dejar de depender solo de apps de comisión
El resultado

Un restaurante de cocina casera en Buenos Aires, con salón y delivery, dejó de perder cerca de un tercio de cada pedido en comisiones de apps de terceros después de implementar un sistema de pedidos propio por WhatsApp. En tres meses migró una porción de sus pedidos recurrentes al canal directo, sin bajar su presencia en las plataformas de delivery que ya usaba.

El punto de partida, cómo operaba el negocio antes

El siguiente escenario es representativo de la situación que enfrentan los restaurantes con delivery en Argentina. Los datos reflejan promedios reales del sector. Un restaurante con salón y delivery, doce personas en el equipo entre cocina, salón y repartidores propios, facturaba una parte importante de sus ventas mensuales a través de dos apps de delivery de terceros. Cada pedido que entraba por esas plataformas pagaba una comisión de alrededor del 30% antes de llegar al restaurante. El equipo no tenía forma de contactar directamente a los clientes que pedían todas las semanas: el nombre, el teléfono y el historial de pedidos quedaban del lado de la app, no del restaurante. El dueño sabía exactamente cuánto se iba en comisiones cada mes porque lo veía en la liquidación, pero no tenía un canal propio donde esos mismos clientes pudieran pedir directo. La cuenta era simple y dolía: buena parte del trabajo de cocinar, entregar y fidelizar quedaba pagando el acceso a una vidriera que no era suya.

Por qué el problema no se había resuelto antes

El problema no era nuevo. El restaurante llevaba más de dos años absorbiendo la comisión sin buscar alternativa, principalmente por dos motivos. El primero era el miedo a la transición: la creencia de que si dejaban de aparecer como opción destacada en la app, perderían pedidos de clientes que ya tenían el hábito de pedir por ahí. El segundo era la idea de que montar un canal propio requería una tienda online compleja, con desarrollo técnico y mantenimiento que el equipo no tenía tiempo ni conocimiento para sostener. La señal que hizo visible que ya era momento de actuar fue un mes en el que una de las apps subió su comisión sin previo aviso: la liquidación de ese mes fue notablemente más baja que la del anterior con el mismo volumen de pedidos. Ahí quedó claro que dependían de condiciones que no controlaban.

Qué se implementó y cómo

El punto de entrada no fue reemplazar las apps de delivery, sino sumar un canal propio de pedidos por WhatsApp con catálogo online, pensado para capturar primero a los clientes que ya llegaban por Instagram y por recomendación boca a boca, y que hoy no tenían dónde pedir directo. El equipo cargó el menú una sola vez en el catálogo, con fotos y precios, y ese mismo catálogo quedó disponible como link para compartir en redes y en el local. La configuración no requirió conocimiento técnico: alguien del salón pudo actualizar precios y productos sin depender de un desarrollador. La integración con lo que el restaurante ya tenía fue directa, porque el canal propio funcionó en paralelo a las apps de delivery, no en reemplazo: los pedidos que llegaban por WhatsApp se sumaban al flujo de cocina existente, sin duplicar procesos. Desde el inicio hasta ver los primeros pedidos entrando por el canal propio pasaron entre dos y tres semanas, la mayor parte del tiempo dedicada a difundir el nuevo canal entre los clientes habituales, no a configurar el sistema.

Los resultados concretos

Primer mes

En las primeras semanas, los pedidos de clientes recurrentes empezaron a repartirse entre el canal propio y las apps de delivery. El equipo dejó de anotar pedidos telefónicos a mano para pasarlos a la app: el catálogo online los ordenaba directamente en el mismo formato que ya usaban en cocina, con menos errores de transcripción.

2 a 3 meses

Entre el segundo y el tercer mes, una porción cercana a la cuarta parte de los pedidos que antes entraban exclusivamente por las apps de terceros empezó a llegar por el canal propio. Sobre esa porción migrada, el restaurante dejó de pagar la comisión de alrededor del 30% por pedido, lo que se tradujo en margen recuperado mes a mes sin bajar el volumen total de ventas de delivery.

El cambio que más importó

Lo que el equipo no esperaba fue que buena parte de los clientes que migraron al canal propio no volvieron a pedir por las apps de delivery ni una sola vez más: una vez que tuvieron un canal directo y más simple, dejaron de usar el intermediario por decisión propia, no porque el restaurante se lo pidiera.

Lo que aprendió el negocio en el proceso

Las empresas que atraviesan este proceso frecuentemente descubren que el mayor obstáculo no era técnico sino de encuadre: temían tener que elegir entre el marketplace y el canal propio, cuando en realidad podían operar los dos en simultáneo. Otro hallazgo frecuente es que la mayoría de los clientes que migran no lo hacen por descuento ni promoción, sino simplemente porque pedir por WhatsApp a alguien que ya conocen resulta más directo que abrir una app compartida con decenas de restaurantes. La recomendación para negocios similares es no esperar a que la comisión suba para actuar: cuanto antes exista el canal propio, antes empieza a construirse el hábito en los clientes recurrentes. En Blackout Colors implementamos este tipo de canal propio para negocios gastronómicos que quieren empezar a recuperar margen sin dejar de operar en las plataformas que ya usan.

¿Tu negocio tiene una situación similar?

Este proceso es relevante para restaurantes con delivery activo en al menos una plataforma de terceros, con un volumen de pedidos recurrentes suficiente para notar la comisión en la liquidación mensual, y con clientes habituales que hoy no tienen forma de pedir directo. También aplica a negocios que ya reciben pedidos por Instagram o recomendación pero los gestionan de forma manual y desordenada. Si reconocés tu negocio en esta situación, en Blackout Colors podemos evaluar cómo aplicaría un canal de pedidos propio a tu caso específico.

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Preguntas frecuentes

Las preguntas que surgen antes de dar el siguiente paso.

No. El canal propio funciona en paralelo a las apps de delivery, no en reemplazo. La idea es capturar primero los pedidos de clientes que ya llegan por Instagram o recomendación y hoy no tienen dónde pedir directo, mientras las plataformas de terceros siguen operando exactamente igual.

La configuración del catálogo y el canal de pedidos por WhatsApp no requiere conocimiento técnico y puede cargarse en pocos días. Lo que suele llevar más tiempo es difundir el nuevo canal entre los clientes habituales, no la implementación en sí.

Se lo conoce como sistema de pedidos, sistema de comandas o software de pedidos para restaurante, según si el foco está en la toma de pedidos en salón, en cocina o en delivery. Cuando el pedido se toma directo del cliente sin intermediarios, también se lo llama canal propio de pedidos.

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